Reflexión para la asignatura Enfermería Médico-Quirúrgica II sobre las prácticas de la carrera. La causa que propició ese estado fue el miedo a lo desconocido, terminar la carrera y enfrentarme al mundo real de esta profesión.
En cierta ocasión una profesora me dijo que para poder hablar sobre una situación o vivencia hacia falta verla desde la distancia, alejarse de ella para poder tener otra visión diferente. Y es ahora cuando quiero relatar mis experiencias.
Hace más o menos tres meses que terminé la carrera de Enfermería. En el último curso, yo misma me veía finalizando un camino que había comenzado años antes y en el que ya se podía otear lo que sería su final. Me pasé todo el curso con una angustia y un miedo aterrador, ya que desde donde yo me encontraba se podía visualizar el tramo final de dicho recorrido. Mi angustia y mis miedos tenían su razón de ser, ya que al final del camino yo veía que se abría un enorme precipicio por el cual, pronto o tarde tendría que caer y en el cual no se divisaba su final. Mis miedos eran provocados por la incertidumbre e inseguridad sobre mi futura vida profesional como enfermera, ya que durante el tiempo de estudiante te sientes de alguna forma protegida.
Me paseé el tercer curso intentando pausar o ralentizar de alguna manera la marcha vigorosa que habíamos cogido nada más empezar el curso. Cada vez estaba más y más cerca. Todos se empeñaban en ir dándome empujones para que recorriera el trozo de camino que quedaba por recorrer. Mis miedos eran como el de la mayoría de los compañeros; qué habrá más allá del final de este camino, que hacía tres años que habíamos empezado y si realmente estaríamos bien preparados para tanta responsabilidad como conlleva el oficio de la enfermería.
Tantos años esperando este momento que creí inalcanzable para mí y ahora me encontraba llena de dudas y cierto temor que me hacían no querer seguir adelante, pero era imposible parar. Pronto o tarde tendría que tirarme al vacío y esperar tener una “mochila” llena de soluciones para afrontar con madurez y profesionalidad las diferentes situaciones que me podían esperar durante la caída.
Por fin llegó. Allí me encontraba, al borde de ese abismo, cogiendo fuerzas para afrontar lo inesperado de esta profesión. Como no había vuelta atrás, pensé que lo mejor era dejar de pensar en negativo, contener la respiración y echar a volar. Dejar de pensar en todas las adversidades en las que podría encontrarme durante el viaje y disfrutar del vuelo sin motor que estaba a punto de realizar. Sin tiempo para pensar, llego el día. Despegué y me eche a volar.
Ahora han pasado ya tres meses, mis tres primeros meses como enfermera, y comienzo a tomar tierra. Durante el vuelo me di cuenta que mi “mochila” iba muy bien cargada y que en el momento de tirar de la anilla se desplegó un inmenso paracaídas que me hizo la caída más agradable. Ese paracaídas estaba formado por horas y horas de estudio, por interés, por prácticas, conocimientos, experiencias, investigación, etc., iba más lleno de lo que podría haber imaginado.
Ahora estoy en los primeros pasos de la vida laboral esperando con ansia todo lo que esta carrera me pueda ofrecer tanto para satisfacción personal como profesional. La “mochila” del vuelo no la he dejado aparte. Creo que siempre tengo que llevarla a mi lado, pero eso he tenido que conseguir otra más grande.
He comprendido que el final de la carrera no tenía escrito un punto y aparte, sino que era un punto y seguido en mi aprendizaje como enfermera.
Sonia Pérez Vidal
E-mail: sonialuis@tele2.es