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Esta editorial no puede, en estos momentos, tratar sobre ningún otro tema que no sea la tragedia de Haití.
Cualquiera de los problemas sobre los que reflexionamos en esta sección, se queda pequeño ante el sufrimiento de tantos seres humanos.
Las enfermeras somos por esencia solidarias y seguro que desde el martes día 12 de enero, muchas hemos pensado desde el corazón, en la posibilidad de acudir a prestar ayuda in situ, pero luego usando la razón, nos damos cuenta de que esto no es muy posible y seguramente poco eficaz para aquellos que necesitan la ayuda, es más, sin una excelente organización, podría ser hasta contraproducente. Entonces, ¿qué podemos hacer? ¿Nos vamos a quedar impasibles sin realizar nada?
Desde estas páginas virtuales, queremos hacer una reflexión, que no es original, ya que se viene repitiendo en los medios de comunicación por diferentes entidades y organizaciones.
Un terremoto es un fenómeno natural, que se produce con cierta frecuencia en distintas partes del mundo, la tierra tiembla, se resquebraja y sacude todo lo que se asienta en su superficie, esto es lo común, ocurra donde ocurra, lo que es diferente es lo que sucede en esa superficie, las condiciones políticas, económicas y sociales, son las que marcan la diferencia al respecto de las consecuencias de ese temblar lde a tierra.
Se ha escrito mucho sobre las diferencias en cuanto a resultados, de terremotos u otros fenómenos naturales, a igualdad de intensidad en las escales de medición. Si ocurre en un lugar situado en un país rico, con una organización política sólida y estable, con unos medios económicos saneados, que permitan utilizar en la construcción, las medidas que hoy se conocen, para que resistan las sacudidas y contribuyan a garantizar la seguridad, con unos ciudadanos entrenados, que saben cómo pueden actuar ante estas situaciones, los resultados serán mucho menores en pérdidas de vidas humanas y hasta en daños materiales, que cuando suceden, como en el caso de Haití, en países donde los habitantes ya viven en situación catastrófica antes de que la tierra tiemble.
Ante esta situación los ciudadanos del mundo se han sensibilizado, y como consecuencia movilizado, y diferentes grupos de artistas, de deportistas, los niños desde sus colegios, no sólo solicitan que todo el mundo colabore para paliar la situación de los haitianos, sino que han organizado acciones para que se recoja dinero, pero también para poder sentir que cooperan en la ayuda desde su actividad, lugar de trabajo o estudio. ¿Y nosotras, qué vamos a hacer? por supuesto a modo personal cada una se planteará colaborar con la aportación económica que considere oportuna (pensemos que casi siempre será de lo que nos sobra, para los que se han quedado sin nada).
Nuestras compañeras hispano-americanas, han emprendido de entrada, envíos de correos electrónicos para hacer sentir a las enfermeras haitianas que estamos con ellas, además de haber enviado enfermeras especialistas en catástrofes y cuidados críticos. Desde la Asociación Latinoamericana de Escuelas y Facultades de Enfermería (ALADEFE), asociación de la que es vicepresidenta de la región europea, Mª Paz Mompart, se están estudiando cuáles serían los modos más adecuados de ayudar y se nos pide que aportemos ideas.
Como colectivo español pedimos a las organizaciones colegiales y sindicatos profesionales, así como a las distintas asociaciones científicas, que una parte de nuestras cuotas, durante un tiempo determinado, fueran dedicadas a ayudar a estos isleños, los más pobres de entre los pobres.
Durante estos días nos hemos preguntado: ¿cuántas compañeras nuestras estarán trabajando sin descanso, sin medios, bajo la presión de la extrema urgencia y cual será su frustración, al saber que muchas de las heridas o dolencias de las personas que cuidan, que allí pueden ser mortales, serían banales en otro contexto? ¿Cuántas de nuestras compañeras han podido morir en su puesto de trabajo?
Hablamos en este mismo número, en la sección Cara a Cara del esfuerzo cooperativo y decimos que para conseguir éxito en cualquier acción colectiva que se emprenda, se necesita organización, cooperación, creatividad, ausencia de afán de protagonismo personal, altura de miras, etc.
Sería no sólo deseable sino imprescindible, que desde ahora mismo todo el mundo se pusiera a trabajar con esa orientación, para ayudar a reconstruir ese país, para lo cual los hospitales y las escuelas deberían ser una prioridad.
Desde aquí un recuerdo entrañable para las enfermeras haitianas, que sepan que no estarán solas y un llamamiento a todas las enfermeras españolas, para que estén atentas a las iniciativas que se emprendan para poder ayudarlas.
Mª Paz Mompart, Esperanza Ferrer, Fe Bregel y Ángela Olmedo
Vicepresidenta de la ALADEFE, Directora y Subdirectoras de e·ducare21