Cuidar es algo que está grabado en el código genético de muchas especies. El cuidado es esencial en el mundo animal, la supervivencia de una especie depende en gran medida de que sus miembros se protejan entre sí. El ser humano no es una excepción e, incluso, la importancia del cuidado se ve incrementada gracias a nuestra capacidad intelectual y emocional, que nos permite desarrollar cualidades como la compasión o la empatía. Cuidar está en lo más hondo de nuestra naturaleza y por eso mismo la profesión enfermera se destaca tan antigua como lo es el ser humano. La enfermera desempeña una labor que va más allá de la simple aplicación de técnicas, que tiene que apelar al alma de la persona a la que cuida.
Sin embargo, hoy en día las enfermeras somos conscientes de que la sociedad no otorga un valor a nuestra tarea acorde a la importancia del cuidado para el ser humano. Son muchos los factores que a lo largo de la historia han dejado a la enfermera en un segundo plano y aún hoy es difícil encontrar a personas que valoren nuestra labor como se merece.
Las estudiantes de Enfermería no somos ajenas a este fenómeno. Otras profesiones sanitarias son apreciadas por la sociedad en su conjunto como más relevantes y prestigiosas, de modo que nuestra profesión parece pertenecer a un segundo escalón en lo que respecta a formación e importancia. Afortunadamente, también son muchos los compañeros que gracias a sus estudios comienzan a conocer lo que realmente significa ser enfermero y se olvidan rápidamente de los prejuicios con los que en un primer momento conocieron a la Enfermería para conocer de primera mano lo que implica el cuidado para el ser humano.
En nuestro caso, el de los autores de esta editorial, tuvimos la oportunidad a lo largo de nuestra vida de conocer en algún momento lo que representa el cuidado. No se trata solo de aprender las técnicas que realiza la enfermera, ya que caeríamos en el círculo vicioso de seguir valorando esta profesión por patrones que no abarcan la totalidad del significado del cuidado. En algún momento de nuestra vida hemos sido testigos, por suerte o por desgracia, de los valores inmateriales que definen la labor enfermera, como la capacidad de dar consuelo y ayudar a la persona que lo necesitan. La responsabilidad de la enfermera va más allá de lo físico y nos abre el lado más humano de la salud y la enfermedad. Hemos descubierto que los cuidados enfermeros son un largo camino de autodescubrimiento y aprendizaje continuo sobre aspectos esenciales del ser humano, sobre lo que simboliza ser humano.
Justo ahora nos hallamos inmersos en nuestro primer período de prácticas. Hemos comenzado nuestra andadura con buenas dosis de ilusión, pero también un poco de temor, ya que tenemos una gran responsabilidad en nuestras manos como es velar por el bienestar de las personas. De igual manera, tenemos el reto de demostrarnos a nosotros mismos y, en un futuro, a la sociedad que el cuidado es algo más que un compendio de técnicas. No solo nos preparamos para atender a las personas de la manera más humana y profesional, sino también para lograr que poco a poco más personas sean capaces de ver, como ya lo hemos hecho nosotros, la importancia de la Enfermería.
Mónica de la Piedra Cubells y Pablo Silva Tomás
Alumnos de la Escuela de Enfermería “La Fe” (Valencia)